Vigilantes del área
Octubre 7th, 2009 by Administrador
Este arbitraje a cinco o a seis puede mediatizar y desvirtuar la función jurisdiccional, unipersonal y ejecutiva del colegiado.
Con más pena que gloria y con más críticas que alabanzas ha comenzado en la UEFA League el ensayo de los árbitros de área. Una propuesta, sin embargo, que parece ir en serio una vez que fuera aprobada por la International Board, el organismo encargado de dictar las reglas del fútbol, posteriormente refrendada por el comité ejecutivo de la FIFA, y que se abre camino frente a otras muchas iniciativas que se han desestimado en las últimas reuniones del viejo sanedrín del reglamento: expulsiones temporales, extensión a 20 minutos del período de descanso de los partidos, supresión del fuera de juego, un colegiado para cada mitad del campo… El rechazo de todas estas novedades es iniciativa del presidente de la UEFA, Michel Platini, que reivindica la vuelta a la filosofía fundacional de las reglas y la negativa a la utilización de los medios electrónicos que se están abriendo paso en otros deportes (cámaras de televisión, ojo de halcón o programas de ordenador ) y que se proponen a menudo también para el fútbol.
Acierta, creo, el preboste francés en mantener las características originales del reglamento y oponerse a medidas que desnaturalizarían y harían inviable el juego, pero yerra, y el tiempo y los experimentos lo dirán, en resucitar una vieja modalidad que se eliminó por innecesaria. Porque el árbitro de área, mejor dicho, una figura similar, el juez de portería, fue un personaje habitual en los terrenos de juego hasta los años treinta. Lo hemos visto en el sepia de las viejas instantáneas sentado en una silla de tijera junto a la red de las porterías, con el cometido principal de informar al colegiado de si el balón había traspasado la línea de meta. Se desestimó la figura y su función por innecesaria y reiterativa, porque con una pareja de linieres es suficiente para avizorar la raya de fondo y de puerta, y a lo mejor también por estética. Que tal parecía como que hubiéramos dado un pase de gracia a un discapacitado -que ese pobre trato de favor hubo durante muchos años para ellos y en esa ubicación- y que en compensación nos llevase aquel negociado.
Bien, lo que ahora pretenden, 80 años después, la UEFA, la FIFA y la International Board con la recuperación de estos vigilantes es escudriñar las incidencias que se produzcan en las áreas -la zona de candela que dicen nuestros amigos sudamericanos-, determinar qué jugadas deben ser sancionadas con la máxima pena -con penalti-, informar de los incidentes que se produzcan en las gradas y de paso, ayudar también a los jueces de banda a discernir si la pelota traspasó o no la frontera de meta o la de fondo. Los nuevos actores de reparto se situarían tras la raya de cal, junto a las porterías, en el lado contrario al juez de línea, con potestad para entrar en el campo, aunque no en el área pequeña, ni podrían traspasar el nivel del punto de penalti.
Así las cosas, este arbitraje a cinco o a seis, si incluimos también al que saca la cartela del tiempo suplementario, vigila a los entrenadores y da el visto bueno al cambio de futbolistas, puede mediatizar y desvirtuar la función jurisdiccional, unipersonal y ejecutiva del colegiado y convertir el partido en una concentración o manifestación de «referees». Por otro lado, las consultas llevarán su tiempo, alargarán el partido -que no siempre el tiempo de juego- y excitarán, más si cabe, los ánimos de los espectadores. Ítem más, que estos nuevos auxiliares den la espalda a la grada es un peligro añadido, innecesario para la integridad de cualquier colegiado y para el discurso normal del juego. En resumen -y eso lo han dicho algunos árbitros del otro lado del charco, que a los europeos se les ha prohibido hacer valoraciones-: «Si entre cuatro hacemos embarradas, cuántas no haremos entre seis».
Es cierto que los árbitros de fútbol y sus comités de designación sufren cada vez más la presión de los medios electrónicos. De las cámaras de alta resolución y de la ralentización de las imágenes, capaces de destripar cualquier lance del juego y poner en evidencia al mejor árbitro. Por ello insisten algunos en que tal vez pudiera hacerse uso de esos sistemas como ayuda al arbitraje, para determinar, por ejemplo, los fueras de juego y si el balón sobrepasó o no las líneas de discordia. Yo no lo veo. Y así lo he escrito muchas veces. Éste no es el controlable y educado mundo del tenis… Pero si sensatamente se rechaza esa ayuda aséptica e indubitable no tratemos de rivalizar con la tecnología poniendo en el césped más personal falible. Es equivocado, ridículo y nos llevará una y otra vez al desaire, como ya ha sucedió en estos primeros ensayos en que los vigilantes han quedado mal parados y corridos frente al ojo infalible de las cámaras.
En fin, mejor dejar las cosas como están. Mejor no meneallo. Y recuperar e insistir en el viejo espíritu fundacional del reglamento. El árbitro juzga, interpreta. Decide sobre la intencionalidad de las acciones de la contienda. Y se equivoca a menudo en lo que las reglas tienen de mensurable y objetivo, pero ésa es también una parte sustancial y no la menos atractiva de este imperecedero invento del fútbol. El día que sea una ciencia exacta y en los bares, los lunes de resaca, no se discutan las jugadas, habremos pinchado el balón.
fuente/lne.es/
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